El líder y la opinión pública


Por Guillermo Ramos Flamerich

«El líder disuelve la resignación». Esta frase la tengo guardada en mi memoria desde la primera vez que la escuché. El liderazgo debe servir para ver más allá de las barreras del presente, con determinación y gigantesca fe en el futuro.

El mayor límite que se le presenta al líder al guiarse solamente por la opinión pública, es el de convertirse en esclavo de la audiencia. El alcance, el hablar al público el lenguaje que ellos quieren. Sería un poco parafrasear el dicho: bailar al son que le toquen.

Para conceptualizar un poco todo este asunto de la opinión pública, varias nociones sobre la misma, pueden ayudar a realizar una síntesis sobre su importancia y rol en la sociedad. Para Cicerón, la opinión pública se refiere al «apoyo del pueblo», juicio parecido presentará Demóstenes y Platón aseverará el concepto de «posición intermedia entre el conocimiento y la ignorancia».

A través de la historia de la humanidad, la incidencia de la opinión generalizada de la sociedad respecto a un tema, ha fomentado acciones con repercusiones claves en los hechos trascendentales del mundo. Frank Böckelmann, en su obra Formación y funciones sociales de la opinión pública (1983), refiere lo siguiente acerca de la significación de este concepto en el marco político: «La importancia de la opinión pública reside por tanto no en lo razonable de las opiniones ni en la imposición de una voluntad, “sino en la capacidad de los temas para crear estructuras y absorber inseguridad”. La relación existentes entre la opinión pública y el dominio político no es una relación de causa y efecto; es una relación de estructura y proceso».

La evolución tecnológica de los medios de comunicación a partir de los años cincuenta del siglo XX y la revolución digital de principios del XXI, crean nuevas variables en el campo de investigación, así como la formulación de nuevos conceptos sobre el tema. El investigador italiano Giovanni Sartori, en su libro Homo Videns, la sociedad teledirigida (1997), en su capítulo acerca de la formación de opinión, nos preludia la siguiente interrogante: «Si la democracia tuviera que ser un sistema de gobierno guiado y controlado por la opinión de los gobernados, entonces la pregunta que nos deberíamos replantear es: ¿cómo nace y cómo se forma una opinión pública?». El propio Sartori alerta sobre los peligros de los medios masivos en la formación de opiniones dentro de la sociedad. Los mismos, estableciendo la agenda de problemas a deliberar y discutiéndolos mediante la opinión ciudadana, donde la mayoría de las veces no existe un conocimiento a profundidad sobre el tema, crean una mayor dependencia a las encuestas por parte de la dirigencia. Lo que el autor califica como «El gobierno de los sondeos».

Centrémonos en el caso Venezuela, mucho se dice acerca de la opinión pública en estos años de polarización política. Por un lado los factores oficiales acusando al sector privado-opositor de detentar la mayoría de los medios de comunicación y de crear una imagen negativa de las obras de gobierno; por el otro, los representantes de la oposición denunciando la maquinaria mediática del Estado en detrimento de las promesas y proyectos planteados por el primer mandatario nacional.

Lo cierto es que los medios en la Venezuela contemporánea, han sido factor decisivo a la hora de encausar los temas de la opinión pública de la sociedad venezolana. Desde la presentación en pantalla nacional de un desconocido teniente coronel, asumiendo el fracaso de una intentona golpista en 1992, hasta la persistente investigación en 2010, acerca de cientos de contenedores de carga con comida en estado de descomposición, importados por el gobierno nacional.

La sociedad venezolana se ha caracterizado por su alta carga emocional. La racionalidad a la hora de tomar una decisión política, social o económica en gran medida ha producido choques con la opinión generalizada del colectivo. No nos regimos por los principios pragmáticos de nuestro vecino del norte, o por las frías deducciones hechas en Europa. Somos sociedad Caribe y mestiza; indígena y latina.

Apelar a un discurso netamente racional para con las masas, representa un desconocimiento total del ámbito social. Como refiriera alguna vez el profesor Ramón Piñango, acerca de un hecho de la historia reciente: «Mientras la oposición hablaba de la meritocracia, algo meramente racional, el Presidente de la República inauguraba “el balcón del pueblo”».

El líder político debe tantear a su audiencia, hablarle en lenguaje común lo que realmente quiere decir, asumiendo las obligaciones contraídas. Un discurso es la expresión individual de las necesidades colectivas. Presentar soluciones, entendiendo las capacidades reales del entorno, no engañando, pero tampoco invistiéndose como profeta del desastre.

Comprender y entender a Venezuela, conocer sus devenires como nación, es mucho más importante que cualquier estadística de popularidad o aceptación momentánea. Allí radica la verdadera pasión por lo nacional. En conclusión, el líder debe entender la importancia de la opinión pública, sus resultados y consecuencias, pero no colocarla como único norte a la hora de trazar medidas estratégicas para el país. Lo más importante es ser honesto, tanto en el discurso como en la acción. Por ende, cumplir lo prometido y adaptar al lenguaje común las acciones planificadas, para así lograr entendimientos y no continuar el ciclo vicioso que se ha presentado en Venezuela de populismo vs la tecnocracia fría. El buen líder entiende la relevancia de cada parte y aspecto del ente político-social.

La creación de nuevos liderazgos, es también el ingenio de nuevas formas de percibir el desarrollo armónico, sin detrimento de las partes. Liderazgo y opinión pública, Liderazgo y medidas necesarias, liderazgo y conocimiento, todo ello va de la mano en esta época, donde el viento sopla en muchas direcciones, pero con un compartido destino deseado.

Fuentes consultadas

  • ·BÖCKELMANN, Frank. Formación y funciones sociales de la opinión pública (1983)
  • ·SARTORI, Giovanni Sartori. Homo Videns, la sociedad teledirigida (1997).
  • ·VAN DIJK, Teun A. Ideología, una aproximación multidisciplinaria (1999).
  • ·Clases del profesor Jorge Ezenarro. Universidad Católica Andrés Bello.
  • ·Módulo de Liderazgo para las diferencias. Profesor Ramón Piñango, LIDERA-IESA
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Comments
2 Responses to “El líder y la opinión pública”
  1. Claudia Marquez says:

    Excelente Guillermo,
    «El líder disuelve la resignación»… Cómo hacen falta líderes en Venezuela.
    Comparto enteramente la esencia de este texto “Comprender y entender a Venezuela, conocer sus devenires como nación, es mucho más importante que cualquier estadística de popularidad o aceptación momentánea”
    Saludos
    c.

  2. Jorge L. Carrasquel says:

    Muy bien Guillermo.
    Yo me quedo con esta: «Un discurso es la expresión individual de las necesidades colectivas. Presentar soluciones, entendiendo las capacidades reales del entorno, no engañando, pero tampoco invistiéndose como profeta del desastre».
    Me gustan mucho las cosas que se postean en este blog.

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