Social Media


Claudia Marquez

“Usamos la tecnología, en la web 2.0, como esfuerzo constante para aliviar o  evitar la soledad, para mantener la presencia imaginativa de los demás” William Deresiewicz

En ocasiones uno se siente que necesita “pertenecer”, bien sea a una cultura, bando, grupo, secta, religión. Que la adopción de principios o símbolos es una posibilidad de construir la propia identidad. Verse reflejado en el otro, pero finalmente verme. Porque la soledad lo llena a uno de incertidumbres. Y la extrema libertad de miedos. La pertenencia, no obstante, obliga a la determinación. Se es o no se es. No se puede ser partidario de todo simultáneamente, ni tampoco negarse a la existencia humana de la conciencia. Limita porque integrando “esto” se deja de formar parte de “lo otro”. Con ella se alcanza una seguridad que no camina por los linderos de lo solitario. Mientras se concede un mundo de vacilaciones internas se gana uno de certezas compartidas.

Las redes sociales son una oferta de pertenencia frente a un mundo de competencias saturadas, que destruimos nosotros mismos. Son una ocasión para cambiar porciones de nuestra “vida física” -si se puede llamar así- por una vida virtual en compañía. Ya sea en el twitter, el skype, el facebook. Nos conectamos con otros en cualquier lugar del hemisferio. Incluso con instituciones, personajes ficticios o publicitarios, todo es posible y nuevo.

Ponemos a prueba el reconocimiento de coetáneos y así logramos la acogida. Compartir un artículo en la red implica no solo un aporte, sino la espera de su consentimiento; ya sea desde un “me gusta” o “soy fan” (íconos de facebook), a un comentario de hasta 140 caracteres. Si éste es bien recibido puedes hasta conquistar “seguidores”. En la ciber-red no hay pena de decir a quién se “sigue” (apoya o admira), ese es el objetivo, la fraternidad con el otro. Aquí confesamos abiertamente nuestras afinidades, sin que eso roce con lo cursi o lo fanático.

Para crear un perfil en las redes sociales no se necesita encajar demasiado con el grupo tampoco, porque de hecho, éstos suelen ser tan grandes como divergentes. La personalidad del individuo se va haciendo y evolucionando en el camino.  Sin embargo, según algunos expertos, se ven tres conductas comunes: “autor”, “curador” o “difusor”. El autor es el creador, el que opina, que genera discusión, apego, risa, o absoluta indiferencia. El curador, como en el arte, interviene la creación, la conserva. La rescata del mar profundo de la web. Aquellos que filtran el contenido por temas o categorías, nubes o etiquetas, por ejemplo. Por último el que simplemente repite.

Abrir una cuenta solo exige un nombre, un apellido y un sobrenombre o “nickname”. No se piden colores favoritos, test políticos, marcas predilectas, encuestas de consumo, aclaratorias sobre familia o amistades. Nunca la mismísima coherencia. Así de noble es el mundo virtual. Pero pareciera que en la actualidad ya estos espacios de identidad nos sobran y vamos, más bien, coleccionando personalidades. Para decirlo de otro modo, creamos una cantidad tan variada de “perfiles” que tenemos suficiente libertad para experimentar nuestras más variadas manías, impulsos, defectos, destrezas y patologías. Yo puedo ser la intelectual en Twitter, pero la niña bonita de Facebook, la alternativa de foursquare, la melancólica del blog, o la exéntrica del skype, todo la misma persona, nadie me objeta.

Luego, en cualquiera de estas facetas o rostros asumidos, puedo participar de la gestión pública, sumarme a una protesta, o interrogar a un periodista durante su programa de radio. Hacer una denuncia ante un organismo del Estado, sin necesidad de llenar largos formularios ni de hacer interminables colas infernales desde la madrugada. Manifestar sin poner en riesgo mi vida, ni al descubierto mi rostro. 

Es una esfera de palabras sin pena y de funcionalidad. Un espacio conformado por millones de personalidades y signos dispersos, desalineados, sin prejuicios ni convenciones rígidas. Que experimentan minuto a minuto lo propio, pero intervenido por el otro. Lo que es tuyo en cualquier momento puede ser tomado por un tercero. La pertenencia, la ebullición de la costumbre, depende del contenido. De lo útil, agradable, novedoso que sea para los comunes y de cómo me mezcle con ellos.

¿Son entonces estos seres-caracteres que se aglutinan e identifican en la aldea virtual, una experiencia de la vida en colectivo?

 @claumarquez

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One Response to “Social Media”
  1. Genial este ensayo.

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